Diario de una cuarentena (II): caída a la oscuridad

Hoy es un día de mierda. Así lo siento, para qué voy a mentir. Se aproximan unas nubes negras de lo más interesantes. Estoy deseando que llueva. Estúpidamente, los días de lluvia en quarantine time los estoy disfrutando muchísimo. Son como una inyección en vena de oscuridad poética.

Finalmente, debido a las miradas y comentarios indiscretos de los vecinos, hemos decidido dejar de sacar a pasear a los perros. Llevo ya dos días con un dolor insoportable en la espalda, y aquí estoy, tirada en la cama, posponiendo hacer una sesioncilla de estiramientos para la espalda. Pero es que no me apetece nada… Creo que cuando Dios creó mi personaje para este mmorpg llamado «Vida«, se le olvidó ponerme algún puntito en el apartado de «voluntad para hacer ejercicio», 0/100.

Fotografía artística titulada «Deposición esquiva»

Al parecer, tenemos cuarentena para rato. Estoy agobiándome un poco con esta situación. Es lo que hay, desde luego. Recordando las enseñanzas del estoicismo, preocuparse por algo por lo que nada se puede hacer es estúpido y una pérdida de tiempo. Pero a pesar de ello, a veces es imposible ocultar(se a uno mismo) el nudo en el estómago o el pesar en el corazón.

Cada día es insanamente parecido al anterior. Se suceden como hojas arrastradas por el viento, leves, sin importancia. Me apetece muchísimo gozar de tiempo de calidad en soledad.

Diario de una cuarentena

Me he instalado en el móvil Spotify para no depender de YouTube (y que me salten todo el rato sus molestos anuncios), y llevo un vicio interesante a Enigma. He terminado la brillante serie de The IT crowd, y he visto con Chris parte de un documental muy WTF: Tiger King. Básicamente, este documental de Netflix relata la postura de 3 dueños de «grandes felinos» y cómo el famoso Joe Exotic acaba encarcelado por contratar a un mercenario para acabar con la activista Carole Baskin. Toda una fantasía.

En fin, siento un vacío espiritual tremendo. Como una especie de melancolía que sólo «se cura» a través del trabajo espiritual. Por más que quiera, yo qué sé, hacer yoga, comer mejor, o cualquier historia, por encima de todo ello, hay una vocecilla que me señala el agujero en el estómago y me dice «¿Ves eso, Sara? pon la atención ahí». Pero no, no suelo «mirarme«.

Ahora mismo, este nudo, este vacío, está haciendo gala de presencia, mientras suena «Why?…» de Enigma. Yo también me pregunto por qué.

Mi precioso Nokkem (dcha) junto a Mía (izq)

Mi prioridad ahora mismo es volver a la Consciencia, poquito a poco. La verdad es que llevo tiempo sin leer nada relacionado con el mundo espiritual. Además, lo último que vi en YouTube dista mucho de ser «espiritual», más bien, todo lo contrario…

Creo que voy a dedicar estar tarde para, sencillamente, estar tirada en la cama escuchando música. Estoy un poco preocupada, llevo unos días que estoy respirando fatal…


Qué lejos se veían los días en que éramos libres de salir y entrar… y no lo valorábamos. De qué sirve tener internet, la despensa llena o Netflix si no nos sentimos libres. Es buen momento para valorar todo aquello que, con tanto pesar, echamos de menos de nuestra antigua vida cotidiana: los paseos, las sonrisas, el viento acariciándote la cara, el olor de la hierba…

Hasta que nos olamos 🙂

Foto de portada: Jelly. Es una gatita medio ciega y muy habladora.

4 Replies to “Diario de una cuarentena (II): caída a la oscuridad”

  1. Menos mal que paraste en buen sitio,esa es la suerte! bueno y que no trabajes ya cara al publico,que es más peligroso xDDD ahora es tiempo de pararse,y pensar. sobre todo el resto. 🙂
    Yo voy a trabajar a la casa de campo,en un obra,estoy solo con mi padre…menos mal :$ mientra por las tarde tengo entretenimiento tambien con el huerto y por la casa xDD
    Mira el correo y te enseño más! cuidate esa tos porcierto!! un abrazote

    1. Ya vi tu foto y vídeo, nada mal tu huerto. Espero que ese trabajillo también te permita a ti pensar y reflexionar. No sé si será divertido trabajar en la casa de campo, pero seguro que es entretenido al menos. Un abrazo.

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