Ernest Becker: dualidad existencial y miedo a morir

El miedo a morir es un tema que asusta y del que no es común hablar. En este artículo me gustaría compartirte la teoría de Ernest Becker (1924-1974) sobre la existencia de un yo físico y un yo conceptual y de cómo TODO deriva del miedo a morir. Si me sigues de hace algún tiempo, sabrás que el misterio de la muerte me atrae muchísimo, porque al fin y al cabo es lo único que tenemos certero en la vida.

Veamos cuál es la teoría de Ernest Becker y cómo podemos implementarla en nuestra vida.

Quizá te interese leer mi primera entrada en este blog sobre cómo lo dejé todo para hacerme mochilera y viajar around the world 😉


El terror a la muerte

Ernest Becker fue un antropólogo y pensador existencialista que vivió y murió en el pasado siglo y que destacó por una línea de pensamiento muy interesante.

Imagen del antropólogo y pensador Ernest Becker.
Imagen del antropólogo y pensador Ernest Becker.

Una de sus obras, La negación de la muerte ganó un premio Pulitzer (paradójicamente, dos meses después de su propia muerte). Y esta va a ser la obra sobre la que vamos a hablar. Becker afirma que el ser humano es único con respecto al resto de especies terrestres (que sepamos) porque puede conceptualizarse y pensar abstractamente sobre sí mismo.

El ser humano puede imaginarse el futuro, pensar en qué hubiera ocurrido si hubiera tomado otra decisión, hipotetizar sobre el pasado, etcétera. Es por esta habilidad que toda persona, en algún momento, se hace consciente de su propia muerte ineludible. Este darse cuenta de que vas a morir sí o sí es lo que Becker llama como «el terror a la muerte«. Este terror es como una especie de angustia vital existencial que se encuentra latente en cada cosa que hacemos o pensamos.

«El ser humano es único con respecto al resto de especies terrestres porque puede conceptualizarse y pensar abstractamente sobre sí mismo»

El yo físico y el yo conceptual

Pero más interesante aún es su teoría sobre el yo físico y el yo conceptual. El yo físico vendría a ser el yo que come, respira, anda, hace caca y duerme. Pero el yo conceptual es lo que creemos que somos, nuestra identidad.

Y aquí es donde Becker elabora una hipótesis magistral. Dice que en el fondo, de algún modo, todos somos conscientes de la muerte de nuestro yo físico. De hecho, comenta que el carácter de una persona se forma en un proceso de negación de su propia muerte, y que esta negación es necesaria para que la persona pueda operar en el mundo. Sin embargo, al mismo tiempo, esta negación le impide conocerse en plenitud a sí mismo. Y precisamente, para Becker la fuente del Mal es la negación de nuestra propia e inevitable muerte.

El eterno yo conceptual

Y como pensar en nuestra propia muerte nos aterroriza, entonces intentamos suplir ese terror creando un yo conceptual que viva para siempre.

Por eso los seres humanos se esfuerzan tanto en dejar sus nombres inscritos en algún recoveco de la historia, en libros, edificios, empresas, estatuas, etcétera.

Asimismo, Becker comenta que por ello mucha gente tiene tendencia a «entregarse» a los demás, especialmente a los niños. De este modo nuestra influencia, el yo conceptual, vivirá más allá de nuestro yo físico.


Proyectos de inmortalidad o causa sui

Este intento constante por dejar, de algún modo, una mínima huella en el mundo Becker lo llamo «proyectos de inmortalidad» o causa sui. La historia entera está llena de proyectos de inmortalidad: hombres y mujeres que se esforzaron en que su yo conceptual no muriera, ya sea por dominar una maestría o un arte, o por ser inimaginablemente ricos, o conquistar muchas tierras, etcétera.

El miedo a morir y a dejar de existir para siempre nos persigue toda la vida.

Todo aquello que hacemos en vida está acotado por este deseo de no morir nunca (¿será esa la causa de este blog?). Cuando nos entregamos a un proyecto de inmortalidad, nos sentimos heroicos: formamos parte de algo eterno. Esto además da sentido a la vida humana, le concede un propósito, un significado.


Cuando el proyecto de inmortalidad falla

Cuando el proyecto de inmortalidad falla, entonces aparece de nuevo el terror a desaparecer para siempre, esa tremenda crisis existencial. En la vida de un ser humano normal siempre subyace el miedo a morir y a desaparecer, a no ser recordado. Y por eso, otorgarle importancia a algo en nuestras vidas hace que nos olvidemos de nuestra propia muerte.

Becker dice que la enfermedad mental es, algo así, como un «error» en este objetivo de querer siempre ser eternos. Comenta también que cuando alguien atraviesa una depresión, podríamos decir que su proyecto de inmortalidad está fallando, y no sólo falla sino que constantemente está recordando la propia mortalidad de uno.

Los proyectos de inmortalidad también pueden dar lugar a tiranías, conflictos, guerras y masacres, esto se ve claramente con la religión o la política. Cuando un proyecto de inmortalidad contradice a otros, inconscientemente se indica que uno tiene la razón, y el resto están equivocados.


El verdadero problema

Sin embargo, lo más interesante es que también Becker, como todo ser humano, se enfrentó a su propia muerte. Murió a los 49 años de un cáncer colorrectal, y la mayoría de pensadores académicos de aquella época lo consideraban un paria.

«La muerte, desdicha fuerte…»

En su lecho de muerte, Becker llegó a la siguiente conclusión.

Los proyectos de inmortalidad son, en realidad, el problema, no la solución. En vez de intentar vivir eternamente a través del yo conceptual, el ser humano debería cuestionar ese yo conceptual e ir aceptando gradualmente su propia e inevitable muerte. Becker llamó a esto «el antídoto amargo» y se esforzó al máximo en intentar aceptar su propia muerte galopante.

El miedo a la muerte ha existido siempre

Y es que, de hecho, todas las antiguas filosofías, doctrinas y religiones han tratado de aminorar este tremendo miedo a la muerte.

Marco Aurelio dejó escrito en sus Meditaciones (pág. 64): «En un abrir y cerrar de ojos no serás más que un poco de ceniza, o un esqueleto, y un nombre o tal vez ni un nombre. ¡Y el nombre mismo es un sonido vano, un eco! Lo que ha gozado, pues, de mayor aprecio en la vida es vacío, podredumbre, ruindad, perros que se muerden mutuamente, pícaros que se pelean entre sí, que tan pronto ríen como lloran…».

Dice también (29, pág. 63): «La conducta que te propones observar luego, al tiempo de morir, puedes llevarla aquí mismo».


Conclusión

La mayoría de las cosas que hacemos no tienen sentido. Perdemos el norte continuamente a base de evadirnos y distraernos.

Constantemente la cultura en la que vivimos nos insta a que nos evadamos, a través del móvil, de internet, de ver la televisión, películas o series, de la comida, del sexo, de quedar con gente que no nos aporta nada… y un largo etcétera sólo para desconectarnos de ese pensamiento tan atemorizante que es el de saber que, queramos o no, vamos a morir.

Esclavos modernos.

Y aún se incrementa más ese terror a la muerte cuando, además, no sabemos ni cómo ni cuándo va a ser. Y precisamente por esta incertidumbre, y esta tendencia a evadirnos, vivimos como si fuéramos eternos.

Nos enfocamos en problemas del día a día estúpidos, le otorgamos la responsabilidad de nuestras vidas a otras personas. Gastamos nuestras vidas en trabajos que no nos llenan para comprar cosas que no nos satisfacen.

¿Y si… esto es todo?

¿Y si el verdadero significado de la vida es que no hay significado? ¿y si no tenemos que conseguir nada para ser felices? ¿y si no tenemos que dejar huella, cambiar el mundo o ser mejores que esa otra persona que tiene un yate en Marbella y una mujer modelo?

¿Y si la vida es esto, y ya está? Muchos de nosotros nos pasamos la vida esperando. Esperando a que haya cambios, a que la situación mejore, a que lleguen oportunidades…

Y se nos pasa la vida entera esperando.

¿Y si aceptamos que la vida es ESTO y dejamos de buscar un propósito trascendente y, poco a poco, vamos aceptando que tú, yo, y todo lo que conocemos va a desaparecer pronto?

Te dejo con esta importante reflexión y… hasta que nos olamos.


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3 Replies to “Ernest Becker: dualidad existencial y miedo a morir”

  1. ¡Maravilla de artículo! Me huele a conversaciones de finales de verano casi.

    Decía el Edgar Allan algo así como que había que invitar a la muerte a una copa. En nuestro caso a un rooibos o algo así más fino, porque el vino intento venir a nosotros pero no vino.

    Nos leemos (o no).

  2. El artículo es crema, me lo he leído y luego me lo he vuelto a leer leyendo sólo lo escrito en negrita xD.
    Con todo, no dejaré de pensar que la mente puede trascender la materia y lograr la infinita permanencia atemporal..
    Si perdiera la fe en eso me volvería cuerdo. Sería terrible.

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